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El tema de las adicciones es uno de los tantos tópicos tratados desde diferentes enfoques. Según Claudia Black, José Antonio Elizondo, autor del libro “El Síndrome de la Borrachera Seca”, Janet Woititz, Melody Beatie, entre otros, han encontrado un patrón común en las adicciones: la primera es una obsesión física, la segunda existe una compulsión mental. De acuerdo a estos investigadores, existen tres tipos de adicciones: 1. Adicción a sustancias: alcohol, drogas, farmacodependientes, y aquí se puede agregar otra, el azúcar que puede considerarse una droga, 2. Adicción a comportamientos: todo acto que se haga en exceso y de forma compulsiva: sexo compulsivo, trabajo compulsivo, compras compulsivas y las más actuales: adicción a los videojuegos, celular y dispositivos. Y, por último, tenemos la adicción a las personas. Estas acciones son un tipo de muleta para la persona que las padece. La ayuda a vivir, pero de la peor manera. Sea cual sea la adicción que se tenga, a la larga nos va a matar.


Pero hay una adicción en la que me voy a enfocar, aunque todas están relacionadas entre si : el azúcar. Esa substancia que se encuentra en todo lo que nos gusta. El dulce. ¿por qué creen que nos apetece el dulce? Porque es sinónimo del amor, porque el amor es dulce. Pero, vamos a verlo tanto de forma psicológica como lo que ocurre en la vida cotidiana.
El alcohol viene de frutas y vegetales. El vino, viene de las uvas; el ron, de la caña de azúcar; el whiskey, de la cebada; el vodka, de cualquier planta que contenga almidón; el champán, también es la uva, y así podemos mencionar los diferentes tipos de licores. Y mencionamos al licor que se vende artesanal en América Latina, la chicha que es el fermento del maíz.

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Hay un detalle a tomar en cuenta. Los granos no están hechos para el consumo humano. Desde lo que conocemos como pre – historia, el hombre ha tenido que “domesticar” los granos, más cuando no había animales que domesticar. En Latinoamérica se domesticaron diferentes tipos de animales, a parte de la pesca, también existía la caza. Por ser semi nómadas no había agricultura, sino horticultura, hasta que se volvieron sedentarios, inició el proceso de la agricultura. Para eso, se necesitaron aproximadamente 6 mil años para que los granos pudieran ser adaptados para el consumo humano. En estado salvaje eran venenosos.


Lo que no nos damos cuenta, o, mejor dicho, comprender, es que siguen siendo veneno, pero con un sabor dulce. Alternativamente, las poblaciones humanas pudieron, conscientemente, aprender a recolectar granos con el objeto no de consumirlos, sino de germinarlos y cultivarlos de manera activa. Aunque es un proceso muy engorroso y frustrante de comprender, gracias al proceso de selección natural, con el tiempo y un ganchito, como dirían los abuelos, tenemos las matas de maíz como las conocemos hoy.
Realmente, la horticultura y la agricultura fueron hechas para alimentar a los animales que estaban domesticando para su consumo. Comer los granos fue lo último que hizo el hombre antiguo cuando se acabó su fuente principal de alimentos y proteína.
Todos los investigadores están de acuerdo en una cosa: las adicciones antes de matar a sus víctimas, las van a envilecer con todos los que les rodean. Eso incluye a los adictos a las personas, estos son los que se consumen al adicto, ya sea alcohólico, drogadicto, o al adicto a comportamientos, si no tenemos ayuda constante y permanente, es una enfermedad que nos puede matar.
Una de las recomendaciones es que debemos tomar control de nuestras vidas. Si es necesario, ir a terapia, a los grupos de autoayuda, o hablar con psiquiatra o psicólogo si es posible, pero debemos tomar control. Nosotros no podemos controlar, ni cambiar a nadie, no podemos esperar que el otro entienda, no podemos invalidar rescatándolo y salvándolo en todo momento, nosotros debemos estar sanos, y, si es necesario alejarnos de lo que nos enferma, debemos hacerlo. Parte de la enfermedad adictiva es la negación. Pero de eso hablaremos después.

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